La primera es una anécdota de la mili. Estábamos todos formados en lo que se llama «retreta» por la noche, el momento más serio del día y faltaba uno. Le dijeron a otro que fuera a buscarlo. Va la compañía y sale el que faltaba gritando «¿quién me llama?». Los que estábamos formados nos partimos.
La segunda también es de la mili. Un cabo de la legión salud a mi capitán de manera lucinante y días después quisieron comprobar si había aprendido algo y me hicieron cruzarme con un teniente coronel. Obviamente le saludé lo mejor que pude.
La tercera es una asociación de ideas. En la primera película de Rambo, acorralado cuando le detienen, y está en comisaría un policía, le dice «si te vas a poner chulo…». Yo lo asocio a una gira de los Beatles cuando tocaron en Japón. Hicieron una rueda de prensa antes del concierto y les preguntaron que qué les parecía tocar en el Budokan, un templo sagrado del sumo. Y Paul McCartney dijo, tirando la ceniza del cigarro al cenicero que a ellos también le gustaban mucho las tradiciones. La cara de John Lennon ante esa contestación fue todo un poema. Y luego, en el concierto, el micrófono de McCartney se bajaba y no podía cantar, lo debió pasar fatal.
















