Buenas noches amigos, me voy a presentar, soy Mamen, soy una chica muy mona, de unos cincuenta. Trabajo con mi marido, tenemos una tienda de bacalao y muchas cosas más, es más o menos lo que venía a ser una tienda de ultramarinos.
Estoy aquí porque soy amiga de Sergio (para mí, El Tito), y voy a dar mi versión de la evolución, por llamarla de alguna manera, del Tito.
Desde hace muchos, muchos años, el Tito y yo formamos lo que nosotros llamamos un equipo. El Tito se apoya en mí cuando algo va mal y yo en él siempre que lo necesito.
Nos queremos muchísimo, él es, como yo le digo, mi amigo del alma.
Una evolución es un cambio, y la evolución del Tito ha sido un cambio de menos a más, es decir, quien le ha visto y quién le ve.
Sergio tocó fondo, la vida para él no tenía ningún valor, los malos tratos y las humillaciones estaban a la orden del día, y según me decía por aquel entonces, vivir para él era sinónimo de sufrir. Aparecieron las drogas y el alcohol en su vida, él decía que se colocaba para evadirse, yo nunca lo llegué a entender. Quizás ahora lo comprenda un poco más, una nota graciosa es que cuando él me llamaba por teléfono, yo le decía casi siempre “Tito, ya has fumado”, entonces yo mandaba un mensaje a su hermano César y el Tito se comía broncas casi a diario.
Nadie sabíamos lo que rondaba por su cabeza, hasta que un día pasó lo que pasó. Su hermano César, que le quiere muchísimo, me mandó un mensaje: “Mamen, ¿te puedo llamar?”, yo claro le dije que sí.
Me llamó y me dijo “Mamen, Sergio se ha caído al metro”, yo enseguida le dije que el Tito no se había caído, se había tirado. César me dijo que efectivamente, Sergio se había tirado al tren,
Fui al hospital a verle y, por el camino, yo iba llena de rabia, no sabía qué hacer, darle una hostia o comérmelo a besos.
Cuando llegué al hospital, hecha un manojo de verle vivo, le vi, estaba destrozadito, la cabeza como partida en dos, el cuerpo y la cara llenas de magulladuras y de golpes, lo primero que me vino a la cabeza fue una sensación de alivio al verle vivo. Como no podía ser menos, abracé al Tito y supe en ese momento que tenía que apoyarle.
Yo siempre he estado segura que el Tito tarde o temprano encontraría un poco la paz, por decirlo así, y en cierto modo la ha encontrado.
Tras el intento fallido de “irse”, estuvo deambulando de una residencia a otra y el Tito seguía hecho polvo. Estaba delgadísimo y seguía fumando lo que podía cuando podía.
Pero llegó su momento, tras la salida un tanto tormentosa de una residencia en la que se encontraba muy mal, estuvo ingresado en la unidad psiquiátrica de un hospital. Allí fue atendido por el equipo de una estupenda psiquiatra (Isabel Ramos), le modificaron totalmente la medicación, le redujeron la medicación psiquiátrica al mínimo y parece que el Tito empezó a despertar.
Además, el Tito tuvo la gran suerte de ir a parar a una residencia en Cadalso de los Vidrios, llamada Alena.
No sabemos si es por el pueblo, él dice siempre que Cadalso es mágico, no sabemos si es por la gente que trabaja en la residencia y que, en cierto modo, se encargan de cuidarle, no sabemos por qué es, pero el Tito ha encontrado la paz que tan esquiva le ha sido durante toda su vida.